Una historia más: Sonia y Mia (Parte I)
Habían pasado una velada agradable luego de aquél primer encuentro y después de tantos años. ¿Cuántos habían sido? Quizás 4 o 5, suficientes para olvidar lo bien que lo pasaban juntos en mejores tiempos. La situación actual era cómoda, ideal: dos viejos amigos ellos, y dos nuevas pero intensas amigas ellas. Ellos se conocían desde la infancia, habían compartido aulas y tardes de pileta en el club del barrio, así que cada uno conocía las mañas y rebusques del otro. Ellas se habían conocido en una oportunidad en la que un amigo de una le había presentado a la otra - con la cual estaba saliendo - e inmediatamente se cayeron bien, y se respetaron mutuamente a pesar de ser tan distintas, como sólo ocurre en casos extraños y aislados entre mujeres. Sonia era superficial y un poco tonta, pero incansable en sus propósitos: lograba lo que se proponía. Mía era inteligente, bohemia pero algo culposa, y todo lo abandonaba; pero aún así, se tenía muy alta estima. Sonia detestaba el tipo de mujer que era Mía, pero curiosamente se sentía fascinada por ella, por su vulnerabilidad a pesar de su inteligencia, y la admiraba profundamente. Mia también detestaba el tipo de mujer de Sonia: de no haber sentido tan (así) inmediatamente el respeto y la admiración que Sonia le prodigaba, hubiese desechado esa amistad sin más, pero había algo en Sonia que la enternecía y ni ella podía precisar qué era. ¿Ellos? Ellos no son importantes en esta historia, salvo – quizás – saber que Mia estaba casada hacía varios años con Diego, y Sonia y Carlos se reconciliaban luego de un largo impasse y planeaban irse a vivir juntos. El día que los cuatro se reencontraron fue de casualidad: Sonia y Carlos habían ido a ver una casa para alquilar en la misma cuadra en la que vivían Mia y Diego; motivo por el cual “quedaron” para una cena el fin de semana siguiente, oportunidad en la que ocurrió el hecho que voy a relatar a continuación.
Como era de suponerse, los cuatro tenían muchas cosas que contarse, ponerse al tanto de la vida del otro, y lo hacían mientras cenaban y regaban la vida con buenos vinos y alguna que otra cerveza. Concluida la cena, Mia llevó a Sonia a la habitación en donde hacía a diario su trabajo, para explicarle los pormenores de éste. Ambas estaban algo mareadas y muy alegres, en esa etapa de la borrachera en la cual todo causa gracia: dejaban fluir todas sus impresiones acerca de absolutamente todo. Mia estaba muy divertida tratando de explicarle a Sonia unos detalles de su oficio cuando de pronto y sin aviso la vio acercarse. En medio segundo, los labios de ambas estaban juntos, y la lengua de Sonia adentro de la boca de Mia y los ojos de Mia muy abiertos. Mia la empujó y dijo, en un grito transformado en susurro:
- ¡Pará, pará…! ¿Qué hacés?
- Dejame… sos tan linda…
- Pero que hacés boluda, ¿estás en pedo?
- ¡No! Bah, si. Pero no tiene nada que ver con esto.
Y volvió a acercarse y a meterle la lengua en la boca. Esta vez, Mia hizo uso de toda su fuerza y la empujó, alejándola más de dos metros.
– ¡Estás borracha!
- Siempre me gustaste... Creo que siempre estuve enamorada de vos, dejame… por favor…! - dijo Sonia mientras se acercaba suavemente.
– Estás re en pedo, no te me acerques. Aparte no sé que puede gustarte tanto de mi, mirá lo que soy, re- tranqui, vos y yo somos muy distintas, así que no sé qué tanto te puedo gustar… - dejó entrever en sus palabras esa curiosidad que siempre la había caracterizado.
– Me encanta como sos, tan… “vos”. Eso que se te nota cuando mirás a los demás, eso que no te importa lo que hagan o piensen de vos, por eso me gustás tanto, porque somos tan distintas, y porque sos tan sensual… me encantás.
– Bueno, pero yo no puedo hacer nada… aparte no sabía que vos... ¡y encima te vas a ir a vivir con Carlos! ¿Él sabe que…?
– Shh! ¡No! No sabe nada, y tampoco quiero que lo sepa.
- ¿Pero vos sos gay, o qué?
– No. Bah… no sé. Tuve una experiencia con Andrea un par de años atrás pero… nunca me gustó Andrea, en cambio vos… Por favor, dejame estar con vos una noche, si me dejás pasar una noche con vos te voy a demostrar todo lo que sient…
– Nah, evidentemente vos estás muy en pedo.
Y se puso a salvo en la cocina, en donde los hombres estaban abriendo una botella de champaña para festejar el reencuentro y los futuros encuentros.
Y luego vino Sonia y Carlos preguntó al verlas si había pasado algo, si habían estado peleando. Y Mia contestó actuando sorprendida que no, que al contrario, que sólo se estaban divirtiendo, y Sonia lo tomó como una señal. Y no se equivocó.
Como era de suponerse, los cuatro tenían muchas cosas que contarse, ponerse al tanto de la vida del otro, y lo hacían mientras cenaban y regaban la vida con buenos vinos y alguna que otra cerveza. Concluida la cena, Mia llevó a Sonia a la habitación en donde hacía a diario su trabajo, para explicarle los pormenores de éste. Ambas estaban algo mareadas y muy alegres, en esa etapa de la borrachera en la cual todo causa gracia: dejaban fluir todas sus impresiones acerca de absolutamente todo. Mia estaba muy divertida tratando de explicarle a Sonia unos detalles de su oficio cuando de pronto y sin aviso la vio acercarse. En medio segundo, los labios de ambas estaban juntos, y la lengua de Sonia adentro de la boca de Mia y los ojos de Mia muy abiertos. Mia la empujó y dijo, en un grito transformado en susurro:
- ¡Pará, pará…! ¿Qué hacés?
- Dejame… sos tan linda…
- Pero que hacés boluda, ¿estás en pedo?
- ¡No! Bah, si. Pero no tiene nada que ver con esto.
Y volvió a acercarse y a meterle la lengua en la boca. Esta vez, Mia hizo uso de toda su fuerza y la empujó, alejándola más de dos metros.
– ¡Estás borracha!
- Siempre me gustaste... Creo que siempre estuve enamorada de vos, dejame… por favor…! - dijo Sonia mientras se acercaba suavemente.
– Estás re en pedo, no te me acerques. Aparte no sé que puede gustarte tanto de mi, mirá lo que soy, re- tranqui, vos y yo somos muy distintas, así que no sé qué tanto te puedo gustar… - dejó entrever en sus palabras esa curiosidad que siempre la había caracterizado.
– Me encanta como sos, tan… “vos”. Eso que se te nota cuando mirás a los demás, eso que no te importa lo que hagan o piensen de vos, por eso me gustás tanto, porque somos tan distintas, y porque sos tan sensual… me encantás.
– Bueno, pero yo no puedo hacer nada… aparte no sabía que vos... ¡y encima te vas a ir a vivir con Carlos! ¿Él sabe que…?
– Shh! ¡No! No sabe nada, y tampoco quiero que lo sepa.
- ¿Pero vos sos gay, o qué?
– No. Bah… no sé. Tuve una experiencia con Andrea un par de años atrás pero… nunca me gustó Andrea, en cambio vos… Por favor, dejame estar con vos una noche, si me dejás pasar una noche con vos te voy a demostrar todo lo que sient…
– Nah, evidentemente vos estás muy en pedo.
Y se puso a salvo en la cocina, en donde los hombres estaban abriendo una botella de champaña para festejar el reencuentro y los futuros encuentros.
Y luego vino Sonia y Carlos preguntó al verlas si había pasado algo, si habían estado peleando. Y Mia contestó actuando sorprendida que no, que al contrario, que sólo se estaban divirtiendo, y Sonia lo tomó como una señal. Y no se equivocó.


1 Botellitas de Extra Brut:
Ansiosa espero el Cap II
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